Antojo, una cuestión de necesidad

Por Mariana Martínez Gómez

Los antojos son universales, la mayor parte de la gente los tenemos y los entendemos como un deseo, no como una necesidad.

Si alguna vez has tenido la sensación de que necesitas comer chocolate, caramelos o patatas fritas, tu cuerpo te está enviando un mensaje.

Los antojos se producen con más frecuencia en las mujeres embarazadas, y aunque no se conoce bien el mecanismo, se asocian a la carencia de un nutriente concreto. Pero no siempre lo que nos apetece es lo que necesitamos. Por ejemplo:

• Si tenemos antojo de chocolate, no es que nuestro cuerpo quiera chocolate; el chocolate es rico en magnesio, y el antojo puede indicar una carencia de este elemento.

• Cuando te apetece algo dulce, puede ser que estés sufriendo subidas y bajadas de glucosa en sangre.

• Si te “mueres” por unas palomitas bien saladas, puede que lo que tengas sea demasiado estrés. El estrés tiene trabajando constantemente a las glándulas suprarrenales produciendo hormonas, y llega un momento en que no funcionan a pleno rendimiento. Como estas glándulas también regulan el equilibrio de las sales, puede hacer que perdamos sodio.

• Cuando buscas con desesperación queso o fritos, puede que te falten ácidos grasos esenciales. Lamentablemente, en muchos casos no los encontrarás ahí, ya que nuestras dietas son deficitarias en Omega 3. También puedes tener deficiencias de vitaminas A, D, E y K, que son liposolubles, es decir, que se encuentran en las grasas.

Saciar los antojos no es algo malo, lo malo es que no reconocemos cual es la verdadera naturaleza del antojo y por saciarlo nos puede acarrear problemas de peso.

Imagen propiedad de Fox

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