México deportó 166 mil indocumentados durante 2015

Dos años después de que la afluencia de niños centroamericanos sin acompañantes, a través del Río Grande, alcanzara los titulares en los medios de Estados Unidos, la crisis humanitaria continúa. En su sección editorial, el diario Los Angeles Times criticó la deportación, por parte del gobierno mexicano, de 166 mil indocumentados el año pasado -poco más del doble de los que deportó Estados Unidos en ese mismo periodo-, 30 mil niños incluidos.

“Al detener y deportar migrantes, México se ha convertido en el ‘muro’ que ciertos políticos están pidiendo, lo que desde luego, no resuelve los problemas subyacentes”, consideró Mary Speck, autora del texto y analista del Grupo Crisis Internacional, quien no duda en describir a nuestro país como el “deportador en jefe”.

Con las políticas adoptadas por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, México es el amortiguador entre los Estados Unidos y el Triángulo del Norte de Centroamérica, donde la violencia de pandillas, la corrupción crónica y la pobreza endémica impulsa a cientos de miles a abandonar sus hogares cada año, relata Speck.

“Durante la última década, los homicidios en Guatemala, Honduras y El Salvador son una espiral fuera de control, acercándose a un nivel de derramamiento de sangre no visto desde los conflictos armados de la década de 1980. Las pandillas dominan las principales ciudades y muchos poblados, lo que obligó, incluso a los  más pobres, a pagar extorsiones. Lo más escalofriante para las familias es el reclutamiento forzado de niños y niñas. Decir `no’ a las bandas criminales, dicen los refugiados entrevistados a lo largo de la frontera, significa una sentencia de muerte”.

Aún después de salir, los peligros no terminan. En México, dice la analista, los migrantes son la víctimas perfectas, ya que es poco probable de que reporten delitos contra ellos por temor a las mismas autoridades. “La migración irregular, además del desplazamiento forzado, alimentan al crimen organizado y a la corrupción”.

Actualmente no sólo deben pagar a la personas que se encargan de cruzarlos en la frontera con Estados Unidos, “ahora dependen de las redes que cobran miles de dólares para asegurar su paso seguro a través de territorios controlados por varios jefes criminales, mientras que esos pagan a funcionarios para que miren hacia otro lado”.

Líderes regionales finalmente reconocieron que la salida masiva de centroamericanos va más allá de la migración promedio. Por ello, Estados Unidos ha acordado expandir sus esfuerzos para admitir refugiados directamente de la región para que eviten el largo y peligroso viaje al norte, señala Speck.

México ya no sólo es país de transito, sino también de destino. “Las solicitudes para el reconocimiento de refugiados se han duplicado constriñendo la capacidad de México para procesarlas de forma justa y eficiente”.  Y añadió: “A pesar de que la comisión de refugio está ofreciendo asilo a una gran proporción de solicitantes, los números aún representan una pequeña fracción de aquellos que necesitan protección”.

Por ello propuso que, a largo plazo, los gobiernos centroamericanos aborden las deficiencias económicas e institucionales que convierten a los jóvenes en gángsteres, así como poner fin a la impunidad de los líderes criminales y funcionarios corruptos. Mientras que en el plazo inmediato, añade, Estados Unidos debe ayudar a su socio mexicano para detener el ciclo de expulsión- re migración, al proporcionar los recursos  que necesita para dar cobijo a los solicitantes de asilo y luego reubicarlos donde puedan llevar vida productivas.

Con información de Los Ángeles Times

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