Gobierno de Peña Nieto será recordado por eludir la rendición de cuentas: The New York Times

A más de tres años de iniciar su presidencia, todo apunta a que Enrique Peña Nieto será recordado como el político “que eludía la rendición de cuentas a cada oportunidad”, en vez de como el líder que transformaría a México, escribió en su editorial de este lunes el prestigiado diario estadounidense The New York Times.

“En el tiempo de Peña Nieto, el gobierno mexicano ha encubierto veloz y sistemáticamente horribles verdades y ha minimizado escándalos”, dice el diario, que hace un recuento de los hechos que han sacudido lo que va del sexenio: su millonaria Casa Blanca, la fuga de El Chapo y la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, que “al parecer fueron masacrados en Guerrero”.

Después de que se desató el escándalo de la onerosa propiedad del presidente y su esposa Angélica Rivera, el político pidió “a un amigo que investigara el asunto. Sin sorpresas, la investigación no encontró ningún delito cometido por el presidente”, editorializa el periódico, al referirse a la pesquisa del secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade. En cambio, los periodistas que investigaron la casa blanca fueron despedidos del espacio radiofónico que encabezaba Carmen Aristegui, “pese a un meticuloso e impecable reporteo”.

El New York Times también se refiere a la segunda fuga de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, que escapó del penal del penal de máxima seguridad del Altiplano en julio pasado, entre el escepticismo de los mexicanos en torno a la versión oficial de que el capo escapó por un túnel, un caso que el gobierno “aún debe explicar por completo”.

El “más problemático” de los escándalos, refiere el rotativo, es el “chapucero” esfuerzo del gobierno de Peña para investigar la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en septiembre de 2014, que “al parecer fueron masacrados en Guerrero”. La “verdad histórica”, como en su momento denominó la Procuraduría General de la República (PGR) a la versión oficial de los hechos, se contradijo en septiembre con el reporte preliminar del grupo internacional de expertos de la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH), apunta el editorial.

“Aún no es tarde para que el gobierno reconozca que la investigación estuvo amañada” y dé acceso libre a los investigadores internacionales, lo cual es quizá es insuficiente para “salvar al señor Peña”, pero es “lo menos que puede hacer para las víctimas de una de las peores atrocidades de derechos humanos en la historia reciente”.

 

TEXTO ORIGINAL

Mexico Stubbornly Resists Accountability

THE EDITORIAL BOARD/ NYT

When he campaigned for the presidency of Mexico, Enrique Peña Nieto used the title of his book, “Mexico, the Great Hope,” to explain the record he hoped to achieve and the nation he hoped to build. More than three years into his presidency, it seems more likely that he will be remembered not as the transformational leader Mexicans thought they had elected, but as a politician who skirted accountability at every turn.

On Mr. Peña Nieto’s watch, the Mexican government has swiftly and systematically whitewashed ugly truths and played down scandals.

After Mexican journalists revealed that a government contractor had made a lavish home available to Mr. Peña Nieto and his wife, the president appointed a friend to investigate the matter. Not surprisingly, the inquiry found no evidence of wrongdoing by the president. The journalists, despite meticulous, unimpeachable reporting, lost their jobs.

When the country’s most powerful drug kingpin, Joaquín Guzmán Loera,escaped from prison in July, Mexicans were rightly skeptical about the official account, not least because it was Mr. Guzmán’s second escape. The government claimed that Mr. Guzmán had slipped out through a tunnel he and his accomplices dug unbeknown to prison officials, dismissing the possibility that he had help from the inside. While some officials were arrested as a result of the prison break, the government has yet to fully explain the lapse.

More troubling is the government’s botched effort at investigating the September 2014 disappearance of 43 college students, who appear to have been massacred in the rural state of Guerrero. The government claimed the students were executed and incinerated by members of a drug gang. A preliminary report issued by a group of international experts from the Inter-American Commission on Human Rights in September, citing satellite images, said it was implausible that the bodies had been incinerated.

Adding to public skepticism, the government has turned down repeated requests to allow the international team to interview military personnel stationed near the site of the disappearance.

It is not too late for the government to acknowledge that its investigation was bungled and to give the international investigators unfettered access to government personnel. That may be too little to salvage Mr. Peña Nieto’s reputation. But it’s the least he can do for the victims of one of Mexico’s worst human rights atrocities in recent history.

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