Oscar Wilde, el genial escritor condenado por ser homosexual

Oscar Wilde nació en Dublín, Irlanda (entonces perteneciente al Reino Unido), el 16 de octubre de 1854, y es considerado uno de los más notables narradores, poetas y dramaturgos de la última etapa de la Inglaterra victoriana; autor de obras teatrales que disfrutó de gran éxito.

Fue una celebridad en el Londres de la época por su llamativo modo de vestir, precursor del dandismo, su personalidad brillante y poco convencional y su agudo ingenio. De hecho, sus frases y epigramas son hoy más famosos que su literatura -excepto el teatro- y tanto como la tragedia de su encarcelamiento y su temprana muerte.

Hijo de destacados intelectuales -su padre fue un cirujano y arqueólogo eminente; su madre, poeta y nacionalista irlandesa-, Wilde se trasladó muy joven a vivir a Londres, donde enseguida sobresalió en los círculos sociales y culturales y como representante de la corriente del Esteticismo.

Sus primeros libros fueron de poesía (Ravenna, 1878; Poemas, 1881), pero el prestigio lo ganó con sus volúmenes de cuentos (El príncipe feliz, 1888; El crimen de Lord Arthur Saville, 1890), su única novela (El retrato de Dorian Gray, 1891) y en especial sus obras de teatro (El abanico de Lady Windermere, 1892; Salomé, 1893; Un marido ideal, 1894; La importancia de llamarse Ernesto, 1895), que causaron sensación y lo convirtieron en el autor de moda.

En la cúspide de ese éxito, llegó la caída. Mientras La importancia… triunfaba en los escenarios londinenses, fue acusado de homosexualidad -que era entonces “delito grave contra la decencia”- por el marqués de Queensberry, padre de su joven amante, Lord Alfred Douglas.

Juzgado en medio de un gran escándalo, condenado a dos años de prisión (que cumplió íntegramente, pese a las peticiones de clemencia), repudiado por la sociedad inglesa que lo había aclamado y por su mujer -Constance, con la que tuvo dos hijos, Cyril y Vyvyan-, al salir de la cárcel se exilió en París bajo el nombre falso de Sebastián Melmoth.

Allí murió, casi en la indigencia y de un ataque de meningitis, a los 46 años de edad, el 30 de noviembre de 1900. Cuentan que, en su lecho de muerte, pidió una copa de champán “para morir como he vivido: por encima de mis posibilidades”.

Con información de Muy interesante

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